— Entonces, ¿por qué rompió con aquella mujer a la que tanto echa de menos? ¿Por algunas incompatibilidades?

— Digamos que pasamos muy cerca el uno del otro. Yo fui tan sólo un inquilino de esa felicidad y ella no pudo renovar mi contrato.
— ¿Cuál de los dos rompió?
— Ella me dejó y yo la dejé partir.
— ¿Por qué no luchó?
— Porque la lucha le habría hecho daño. Se trataba de una pregunta que había que plantearle a la inteligencia del corazón. Anteponer la felicidad del otro en detrimento de la propia es un hermoso motivo, ¿no?

Ninguno hace caso del agua

tengo-ganas-de-ti-pic-1que va después de la lluvia. Cuando vuelve el sol, poco importa si sobre esa agua hay lágrimas después de haber llorado, por amor, por dolor. El agua se evapora, vuelve al aire y a nuestros pulmones, respirando el viento que sentimos en la cara. Y las lágrimas vuelven a entrar en nosotros, como las cosas que hemos perdido. Pero nada se pierde en realidad. Cada segundo que pasa, cada luna que surge no hacen más que decirnos : Vive. Vive y ama lo que tú eres, como tú seas, por lo que seas. Mira al cielo, cierra los ojos y no te canses nunca de soñar.

Tengo ganas de ti.

Y a pesar de todo, valió la pena.

Porque entre dos personas enamoradas siempre habrá un vínculo de fondo, que no deberíamos buscar en factores externos sino internos, acaso invisibles, acaso indescriptibles. Si el amor fuera música, sería música de la que se toca en el oído, sin pentagrama e improvisando. Música de Jazz o de blues…
El caso es que me gusta la música que estoy escuchando ahora. Pero eso al lector que vive en su propia vida, tan diferente, ¿de qué sirve?
Sólo le puede servir de una manera. Si le ayuda a pensar sobre sus problemas, sus dudas, sus ignorancias. Si se tira todo eso a la espalda, no extraerá ningún provecho. Si, en cambio, mira las cosas de cara, y les habla y piensa sobre ello, incluso del fracaso más estrepitoso extraerá un aprendizaje. ¿Cómo dice el dicho? Lo pruebas y no te sale, y lo pruebas y no te sale, y lo pruebas y no te sale… Eso no es fracasar. Fracasas cuando ya no lo vuelves a intentar.

Y a pesar de todo

valió la pena. Porque entre dos personas enamoradas siempre habrá un vínculo de fondo, que no deberíamos buscar en factores externos sino internos, acaso invisibles, acaso indescriptibles. Si el amor fuera música, sería música de la que se toca en el oído, sin pentagrama e improvisando. Música de Jazz o de blues…
El caso es que me gusta la música que estoy escuchando ahora. Pero eso al lector que vive en su propia vida, tan diferente, ¿de qué sirve?
Sólo le puede servir de una manera. Si le ayuda a pensar sobre sus problemas, sus dudas, sus ignorancias. Si se tira todo eso a la espalda, no extraerá ningún provecho. Si, en cambio, mira las cosas de cara, y les habla y piensa sobre ello, incluso del fracaso más estrepitoso extraerá un aprendizaje. ¿Cómo dice el dicho? Lo pruebas y no te sale, y lo pruebas y no te sale, y lo pruebas y no te sale… Eso no es fracasar. Fracasas cuando ya no lo vuelves a intentar.

Hay muchas formas de quererse

¿sabes? pero la suya era…total. Un amor puro, increíble,alucinante. un amor especial como hay pocos.
Y ellos lo sabían.
El diario de NoahTodos los enamorados del mundo creen que su amor es único y distinto, pero el de ellos si lo era. Estaban hechos el uno para el otro, se tenían y deseaban fundirse en uno solo.
Cuando estaban juntos el tiempo se aceleraba, y cuando estaban separados se hacía eterno.
Cada beso, cada caricia, era un puro sentimiento desnudo. Podían pasarse horas mirándose a los ojos y nada más. Pero cuando se acariciaban, se besaban…entonces…no hay palabras para describir esa emoción.

El diario de Noa.

“Me quiero morir.”

Eso es lo que pensé cuando me marché. Cuando cogí el avión, hace apenas dos años. Quería acabar con todo. Sí, un simple accidente era lo mejor. Para que nadie tuviera la culpa, para que yo no tuviera que avergonzarme, para que nadie buscara un porqué… Recuerdo que el avión se movió durante todo el viaje. Había una tormenta y todos estaban tensos y asustados. Yo no. Yo era el único que sonreía. Cuando estás mal, cuando lo ves todo negro, cuando no tienes futuro, cuando no tienes nada que perder, cuando… cada instante es un peso enorme, insostenible.
Y resoplas todo el tiempo. Y querrías liberarte como sea. De cualquier forma. De la más simple, de la más cobarde, sin dejar de nuevo para mañana este pensamiento: “Ella no está.” Ya no está. Y entonces, simplemente, querrías no estar tampoco tú. Desaparecer. Paf. Sin demasiados problemas, sin molestar. Sin que nadie tenga que decir: “Oh, ¿te has enterado? Sí, precisamente él… No sabes como ha sido…” Sí, ese tipo contará tu final, lleno de quién sabe cuáles y cuántos detalles, se inventará algo absurdo, como si te conociera de siempre, como si sólo él hubiera sabido realmente cuáles eran tus problemas. Es extraño…
 mario-casas-tengo-ganas-de-ti-port

Si quizá ni siquiera has tenido tiempo de entenderlos tú. Y ya no podrás hacer nada contra ese gigantesco boca-oreja. Qué palo. Tu memoria será víctima de un imbécil cualquiera y tú no podrás hacer nada por remediarlo. Sí, ese día hubieras querido encontrar a uno de esos magos: colocan un pañuelo sobre una paloma recién aparecida y, paf, de repente ya no está. Ya no está y basta. Y tú sales satisfecho del espectáculo.

Tengo ganas de ti.